viernes, 16 de febrero de 2007

¿Cristianos en pleno siglo XXI?

¿Por qué en plena era de la comunicación en la que por todos los medios se nos informa de cómo los avances de la ciencia, de las sociedades y del pensamiento global van desterrando la idea de un Dios Creador y Salvador, siguen existiendo personas que afirman que éste no sólo existe sino que se le puede conocer? ¿Es que no se han enterado de que esto ya no se puede creer? ¿Es que acaso viven de espaldas a la realidad?

Después de haber dialogado, observado y escuchado las diferentes respuestas que tanto amigos como profesionales de la comunicación ofrecen, he deducido que básicamente hay tres posibles respuestas a esta pregunta:

  1. Por herencia familiar.
  2. Por no querer o no saber aceptar la cruda realidad de que estamos completamente solos en este mundo.
  3. Por plena convicción en que aquello en lo que creen es la verdad.

La primera respuesta responde más a razones culturales, a las viejas costumbres y convicciones de toda la vida. El otro día un diálogo de una serie de televisión me llamó la atención. La escena es la siguiente: Un adolescente de finales del franquismo está en plena crisis existencial, y está empezando a dudar que la fe católica que le han inculcado desde la escuela y su casa sea la verdadera y que, en definitiva, Dios exista. Su abuela, preocupadísima por aquello de que el niño se convierta en un apóstata, habla con él para convencerle de su error. Y el niño le responde:

- Abuela, a mí me gustaría ser como tú, porque te lo crees todo a pies juntillas y así es mucho más fácil.

Y la abuela le dice…

- Es que lo que tú quieres es poder creer con la cabeza, cuando en realidad con lo que se cree es con el corazón.

Sinceramente, ¡no me extraña que el niño tuviera dudas! Lo que la abuela le estaba pidiendo es que pusiera toda su confianza y el sentido de su vida en un simple sentimiento, en una seguridad vana. ¿Cómo podía creer en alguien a quién no conocía y que según la abuela ni tan siquiera podría jamás llegar a comprender con la mente?

Alguien dijo una vez que la fe es ciega cuando, en realidad, si hay alguna palabra contraria a la fe cristiana esa es “la ceguera”. La fe es creer en aquello que no vemos pero que no por ello no conocemos. Si uno cree por simple tradición familiar, porque es lo que le han enseñado toda la vida y porque en sí no le parece malo, podrá decir que cree en Dios, pero no que conoce a Dios, porque al contrario de lo que dice la abuela, a Dios se le conoce por la mente y de ese conocimiento lógico y racional el corazón le siente.

¿O acaso no funcionamos nosotros así? Tengo amigas que están “enamoradísimas” de algunos artistas famosos. ¿Es real ese amor? No, porque ni siquiera les conocen. Solo aman una imagen de aquello que les gustaría que fueran, no lo que son en realidad. El amor, el aprecio y la confianza real en alguien sólo puede crearse del vínculo afectivo que se establece entre dos personas que se conocen. ¿Cómo se puede conocer a Dios entonces? A través de lo que él dejó escrito de sí mismo para podernos explicar a la vez que lo leemos cómo es y qué quiere de nosotros. Si no me crees compruébalo por ti mismo, pídele que te muestre si existe y si estás dispuesto te explicará quién y cómo es mediante lo que él escribió en la Bíblia.

Así pues considero que no se puede decir que uno cree en Dios por mera tradición familiar porque, lamento decirlo, a eso no se le puede llamar “cristianismo” sino “borreguismo”, porque creer sin pensar es simplemente seguir la corriente y dejar que otros piensen por ti.

La segunda respuesta es todavía más común que la anterior. “Todos necesitamos creer en algo porque en realidad nos negamos a creer que estamos solos, pues eso es demasiado duro, demasiado aterrador.” Estoy totalmente de acuerdo con esa frase pero mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué nos asusta que no haya nada más en el mundo que nosotros? ¿Si somos tan autosuficientes y confiamos tanto en la superioridad del hombre, no debería eso bastarnos y dejarnos vivir tranquilos? ¿No será que en el fondo sabemos que sin ese “algo” nada puede marchar bien?

Una persona puede vivir sola sin comunicarse con nadie muchos años y, aunque le guste su soledad, sabe que está solo. ¿Y por qué? Porque ha experimentado lo que es estar acompañado. Sabe diferenciar esos dos términos porque las dos cosas son posibles aunque él haya escogido una. Y es que estarás de acuerdo conmigo si te digo que el hombre es un ser esencialmente relacional pero yo añado que si es así, es precisamente porque desde el principio se relacionó con ese “algo”. Así pues, nos asusta la idea de estar solos en el universo porque dentro de nosotros sabemos lo que significa que eso no sea así y lo desastroso y aterrador que sería que ese algo no estuviera…

¿Es pues el cristianismo una especie de muleta en la que apoyarnos para ahuyentar nuestros miedos? ¿O la respuesta verdadera que el hombre del siglo XXI no quiere aceptar por miedo a reconocer su inexistente autosuficiencia?

La última opción es radical y por tanto opuesta a la manera de pensar actual. Decir que uno no ha encontrado SU verdad sino que ha encontrado LA verdad suena pedante, intolerante e incluso fanático. Muchas de las personas que se empeñan en creer en ese “algo” que comentábamos antes, afirman que o bien como decía la abuela de la tele, aunque exista no le podemos conocer, o bien que todas las religiones llevan al mismo Dios, llámese Jehová, llámese Alá, o como queramos nosotros. De esta manera la verdad es difusa, confusa, hasta tal punto que si lo paras a pensar un momento llegas a la conclusión de que simplemente no existe y que cada uno debe conformársela a su antojo.

Tú eres yo. ¿Es la verdad? No. ¿Aunque para alguien eso sea así vamos a dejar de ser tú y yo personas diferentes con vidas, pensamientos, planteamientos diferentes? No. ¿Habrá cosas en las que nos parezcamos? Probablemente. ¿Eso significa que somos la misma persona? NO, porque si tu eres tú ese solo hecho excluye que tú seas yo…

Dios es Alá, Jehová, y la esencia de todas las religiones. A ver, si Dios es Alá, no puede ser Jehová porque sus descripciones, hechos y planteamientos son a veces opuestos y otros totalmente diferentes. ¿Habrá aspectos en los que se parecen? Puede. ¿Eso significa que sean lo mismo? Eso, al igual que antes, es absurdo.

Jesús dijo “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (1). No dijo una verdad sino La verdad y, en base a ésta, todo el resto tomaría un nuevo sentido.

Así pues, ¿por qué existen cristianos en pleno siglo XXI? Porque LA VERDAD permanece no por los que la conocemos sino porque aquel que nos la dio existe, la mantiene y la revela a todo aquel que quiera encontrarla.



(1) Evangelio de Juan, capítulo 8 versículo 32.

2 comentarios:

Edith dijo...

Felicidades al autor de este articulo! (creo que es autora de echo... me lo dijo un pajarillo). Seria bueno poner el nombre del autor creo....
Un par de sugerencias:
- Creer con la mente y el corazon: tienes toda la razon que no es bueno creer solo con el corazon, pero tampoco es bueno creer con solo la mente. Este creo qeu ha sido el gran error del siglo XX. De hecho en la cultura judia tal diferencia no existe. Concer a Jesus es experiencial.
- Lo increible de que Jesus dice que es la verdad es que deja de ser un concepto puramente abstracto... porque la verdad se hizo carne y la verdad habito entre nosotros. En el siglo XXI el estudiante postmoderno quiere conocer experimentando la verdad. Y esto es posible porque Jesus... se hizo hombre!
Animo, a seguir escribiendo.
Edith
edith@ifesworld.org

Evaristo_el_rey dijo...

Valiente argumento para la época que estamos, aunque siempre me ha gustado las personas que están seguras de sus convicciones, si eso crees defiéndelo tan bien como puedas. Mañana iré a las jornadas haber qué tal, me gusta los debates pero aviso que no creo en ninguna religión ^_^